Se van, mi cielo con tus besos. Están bailando solos, cogidos de la mano. Déjales y no molestes. Han puesto el cartel al revés en la puerta del hotel. Llamamos mil veces, intentamos que abrieran. Dejémoslo ya. Y ellos, ausentes, se beben nuestro champagne. Están brindando juntos, sintiéndose valientes. Déjales y no grites. Que si no quieren abrir, estarán cenando caro. Mi cielo lleva mi encaje y tus besos el color de tus ojos. Se miran, se tocan, se acarician y cumplen todo lo que nosotros no hemos podido alcanzar.
Y tú y yo, como dos tontos, agonizando seguiremos golpeando una puerta de acero blindada. Manchando el recuerdo de su noche y, como dos locos, sin darnos cuenta de que lo hacemos. Mientras ellos se siguen queriendo, nosotros caemos y morimos de envidia. No empujes más, estarán con el postre. Es probable que lo que esté pasando ahora detrás de esa puerta sea tan bonito, que no podamos entenderlo. 'Adoro-te' dicen tus besos y mi cielo está observando cada uno de sus rasgos.
No llores, sólo se van. Supongo que mi cielo ha volado demasiado alto y se ha llevado tus besos, dejándonos al margen de esta historia. Alegrémonos del tiempo, por favor.