miércoles, 19 de octubre de 2011

Leyendo en braille.

Se van, mi cielo con tus besos. Están bailando solos, cogidos de la mano. Déjales y no molestes. Han puesto el cartel al revés en la puerta del hotel. Llamamos mil veces, intentamos que abrieran. Dejémoslo ya. Y ellos, ausentes, se beben nuestro champagne. Están brindando juntos, sintiéndose valientes. Déjales y no grites. Que si no quieren abrir, estarán cenando caro. Mi cielo lleva mi encaje y tus besos el color de tus ojos. Se miran, se tocan, se acarician y cumplen todo lo que nosotros no hemos podido alcanzar. 

Y tú y yo, como dos tontos, agonizando seguiremos golpeando una puerta de acero blindada. Manchando el recuerdo de su noche y, como dos locos, sin darnos cuenta de que lo hacemos. Mientras ellos se siguen queriendo, nosotros caemos y morimos de envidia. No empujes más, estarán con el postre. Es probable que lo que esté pasando ahora detrás de esa puerta sea tan bonito, que no podamos entenderlo. 'Adoro-te' dicen tus besos y mi cielo está observando cada uno de sus rasgos. 

No llores, sólo se van. Supongo que mi cielo ha volado demasiado alto y se ha llevado tus besos, dejándonos al margen de esta historia. Alegrémonos del tiempo, por favor.

martes, 18 de octubre de 2011

Y nos matamos a besos.

Que al volarte, quedé sin alas. Que al volarte, sin cielo y sin ganas. Sin las yemas de mis dedos, sin sueño, sin quererlo al volverte ciego. Que al volarte, he perdido el rumbo. Que al volarte, volé la música y volvió mi miedo. Que lo siento por volarte.

Volé el papel, volé las tardes. Volé tu cama y volé el mirarte. Volé los verbos mal conjugados. Volé mi arte al echar los dados. Volé tu suerte, volé mi suerte y todos tus besos en mi frente, al volarte. Tu voz, sin embargo, retumbando aquí dentro, aquí abajo. Las alas que me diste, te las devuelvo; ahora mi cielo, es tu cielo. Que por volarte, lo siento. Por tonta, por esa diagnosticada fobia a tener miedo.

jueves, 6 de octubre de 2011

Más alto.

Como si saltara. Como si diera un salto enorme. Y ya arriba, no sé que de cosas podríamos sentir. Porque no soy sólo yo. Tú no sabes la de maripositas que pueden posarse en tu estómago cuando yo llegue tan arriba, donde estás tú. 

Pero si caigo, caigo mucho más abajo de lo que antes era mi suelo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Carta con destinatario Destino.

Quítanos uno a uno los besos, aráñalos, hazles sangrar. Róbanos esas noches de sexo, desaparécelas, juega con su amor. Intenta entender todo lo que hemos luchado para que esto siga adelante y ponle a prueba. Hazle elegir entre la vida y mi vida, quítale sus sueños, mátale las ganas, tiémblale lo seguro y déjale ciego. Asiéntale su juventud y madúrale los días. Cósele los rotos, báilale lo estático y rompe sus pilares. Cómele las fichas, sácale de juicio, átale al destino y haz que llore. Pero hazlo con cuidado, no le hagas ningún daño, no le sufras todos los latidos que hemos compartido. Y pregúntale si está dispuesto a sufrirlos por mí. Y dime si pronuncia mi nombre.

Necesito la respuesta. Por si viene alguien que pasea, se me acerca y, después de preguntarme por la hora, me promete el cielo sin avisar y me hace volar por encima de Madrid, tan alto, tan fuerte, tan distinto. Entonces, ¿qué?

De tener los pies en la Tierra a que te prometan el cielo. Necesito saber si ya lo tengo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Tonta,

Y con tendencia a equivocarme.
No busco consejos, Bécquer. Sólo alguien que entienda de amor.