miércoles, 29 de junio de 2011

Hasta que todo se vaya.

Cuando te encuentres en ese lugar tan mágico cogido de su mano, piensa que ha sido el sitio donde muchos otros se dieron su primer beso. Cuando recuerdes que grabaste tu inicial y la suya, metidas en un corazón, en el árbol donde pasasteis todas vuestras tardes a escondidas, piensa también que ese árbol no se plantó para vosotros, y que ha sido también la sombra de mucho más amor, ajeno al vuestro. Cuando mires las estrellas al lado de ella, piensa en cuanta gente lo ha hecho ya. Y cuando le pongas su nombre a una, imagínate: quizás hasta coincida con el nombre de alguna otra mujer. Cuando te sientas tan sumamente especial por sentirte enamorado, créeme: todos hemos estado enamorados. Algunos incluso más de una vez. Algunos incluso, aunque tú no puedas llegar a comprenderlo, más enamorados que tú.

Siempre que veas a una mujer guapa, de esas que encandilan, en algún lado hay alguien cansado de tirársela. 

Si esa mujer tiene tanto empeño por caminar de tu mano, por esos lugares tan mágicos, tallando iniciales en madera, si tantas ganas tiene de observar las estrellas que llevan su nombre y, en definitiva, por enamorarse, es que ya sabe lo que es. Es que ya lo ha hecho por otra persona. Pero le parece muy bonito acordarse de él cuando tú vayas, tonto enamorado, y la beses igual. Pero tú nunca serás él. Y ella nunca lo admitirá, pero compréndela. La esperanza, sola, nunca se va. Imagínate qué bonito sería esperar tanto tiempo para que, al final, volviese.

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