Estaba cansado. No sólo hoy, que había dormido poco y mal. Estaba cansado de envejecer. El tiempo había marcado sus arrugas y había determinado sus pasos. Había configurado sus momentos más tiernos y había dado vida a esa mujer. Le debía tanto al tiempo, y el tiempo le debía tan poco a él que, más pronto que tarde, jugaría con su existencia. Él no tenía miedo a morir, pero sí tenía miedo a la muerte. El tiempo había acabado con esa mujer y a él le había concedido los días suficientes como para sufrir por ello. "Te equivocaste", culpaba al tiempo mientras nada: "No se nos habían acabado los momentos. Te equivocaste tanto, viejo amigo."
Pero yo no sé si habrá respondido a alguien el tiempo. Asumido estaba que se iría sin respuestas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario