Que me pongo nerviosa. Que me late el corazón. Que si tú no sientes igual, me duele. Que no pienso, que dejo de pensar cuando te veo. Y todo lo que no puedo decirte, me lo escribo a mí misma. Y si llega el momento en el que pueda decirte todo, en vez de hacerlo me lo callaré. Y esperaré a que lo tengas que descubrir por ti mismo. En cada beso, en cada mirada. En cada trazo. Me muero. Me muero por sentarme a mirarte. A ver como usas tus acuarelas. Me muero por poder quererte. Por hacer todas las cosas que quiero hacer. Admírame. Háblame. Quiéreme igual. Enamorada. Tonta enamorada. Y cómo iba a saber yo esto. Cómo pretendo comprender. No se elige, no se elige a quién te mueres por dedicarle cada trazo. No se puede elegir a quién quieres que te elija como musa. No puedo con esto. Y me da miedo tener que olvidarlo como si nada. Es triste tener que conformarme con lo de siempre. Es triste que esta sea la primera vez que escriba, en toda mi vida, mientras me tiemblan las manos. Porque no es el momento.
Sin ningún punto y a parte, y me da miedo poner el final. Y mientras lo escribo, me late el corazón.
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