Dejaste de existir, de repente. O nunca estuviste, no lo tengo muy claro. Pero me enamoré, y lo sabes. Claro que lo sabes, tú también te enamoraste de mí. ¿Cuánto fue? ¿Un par de días? Qué más da. Tu encontraste en mí lo que querías, y tú tenías lo que yo andaba buscando. O quizás no, tampoco eso lo sé seguro. Pero los dos creíamos en algo que no podíamos ver. Eso se llama fe. Y en contra de mis principios, tengo que decir que... no estaba tan mal creer. En ti. O no, depende de si damos por hecho que existas antes de deducir todo esto.
Ni siquiera hubo velas este año. Sólo cuando me fumé el último cigarro de mi cajetilla de Winston pude pedir que fuera el mejor. El mejor año.
No hay comentarios:
Publicar un comentario