Ya no escucho su vida, ya no entiendo de amor. Y cansado, no sólo yo, me acompaña el colchón. Ya no ando descalzo, ya no cuento mis pasos, y al pasar el tiempo, y al mirar hacia el frente, no hay ninguna razón. Comentan tus fallos, dejaron de hablar de tu risa y no hay nada sobre ese 'tú y yo'. Se ríen del juego, se lanzan miradas, y este señor, que asustado se aparta hacia un lado y espera a que vuelvas, ya no es aquel comerciante de besos bajo aquel edredón. De memoria cantaba tus noches, y de paso te hacía el café. De algún cuento me acuerdo, antes de que nos dieran las diez. Ya no hay nada de ti. Ya nada hay de tardes hablando de aviones, ya nada de lienzos sobre esta pared. Ya nada de historias, y nada de estrellas con no cualquier nombre de no cualquier otra mujer. Que mi tiempo eras tú y no te tengo y por eso, tengo tiempo de echarte de menos, y pienso en que vuelvas y espero, y tú ya no sé a qué esperas. Y debe de ser que andas lento observando la ida y venida del mar. Porque conmigo, no estás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario