No, no, no. No te desahogues con nadie, sólo llévalo con calma. Da igual, ¿qué más da? ¿Cuántas veces has perdido? Vale, pues ya está. Qué mas da si no respiro cuando le oigo respirar. Tonta.
Qué tonta, qué lejos te siento. Como si entre los dos hubiera un abismo de caída descomunal. Cómo voy a saltarlo. Cómo voy a cruzar. Además, es una difícil elección. En realidad me gusta mi extremo. Qué se yo del tuyo. ¿Y qué se yo de buenas elecciones? ¿Por qué tanto movimiento dentro de mí? Como si un montón de esferas diminutas, que normalmente están inmóviles en mi interior, se hubieran puesto a chocar, colapsar, girar y bailar entre ellas. Pero a un ritmo asombrosamente rápido. No sabes cuánto. No sabes que deprisa se mueven dentro de mis dos corazones.
Puedes sacarme mil colores más aparte del rojo. Puedes hacer arte conmigo. Podrías enamorarte de mí.
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