Y dejó de correr, sólo por no tener prisa y careciendo de cualquier leve momento, sin ningún movimiento y estática, de noche se enfría y la brisa, adivina, hablando de noche y buscando sonrisas, retuerce su pelo y escucha sus días, y pienso, que no es tan malo si la salva el viento, y si sueña y no espera, y si vive sin miedo, y si brilla y si luego, se apaga un momento, por breve que sea, que brille no es cierto. Mentía, sus días se nublan, y sus noches, ninguna, pero la inercia la empuja y viaja y desnuda se hace inmune a las cifras. Y brilla.
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